Oscar Juárez Domínguez

La victoria de Donald

El centro de la agenda presidencial es el proteccionismo económico, no el género como equivocadamente creyeron los asesores demócratas. Hillary se quedó sin oferta electoral propia. Las mujeres asalariadas de los suburbios así como los jóvenes, obreros, mineros y acereros de los sindicatos AFL-CIO quieren sus empleos en su condado, cerca de casa, no en China; los comerciantes y agricultores quieren un “bello y alto muro” arancelario con el mundo; los empresarios piden menos impuestos, la clase media blanca sureña exige un alto a los migrantes criminales y Trump ofrece todo eso y más con un 15% menos de carga fiscal ¡El paraíso electoral!.

¿Cómo van a votar las familias inmigrantes divididas por los 3 millones de deportados de Obama y con la iniciativa Dream congelada en el Congreso? Nuestro país es una arena de lucha electoral en la campaña presidencial de ambos candidatos. Trump visita México para conectar mejor con el voto hispano y disputar a Clinton ese nicho del 10% del electorado. Ella opta por otra estrategia, más convencional:  promoverse en medios mexicanos como la candidata de los hispanos pero evita la visita de cortesía porque perdería el frágil apoyo de quienes cuestionan los beneficios del libre comercio.

Con la comunidad afroamericana, las estrategias son diferenciadas: él atiza las divisiones raciales con el fin de asegurar el voto blanco del sur y del medio oeste a la vez que crea alianzas con pastores en los estados donde necesita 12% de sufragios para ganar ofertando proteccionismo económico y más subsidios. Ella trata de administrar las ilusiones rotas por el Obama Care y restablecer la confianza entre estos votantes en distritos claves para la causa demócrata.

Él no es popular, tampoco ella; cada uno concentra arriba del 60% de aversión social. La diferencia es quye Donald ha desarrolado un fascinante anticarisma entre sus opositores que han movilizado millones de dólares en publicidad negativa.

El riesgo es tratar de pararlo con medios políticos convencionales. Todos los negativos lo engrandecen, hasta la grosera grabación filtrada en The Washington Post, es eficaz entre los electorados donde él nunca ha sido atractivo: las mujeres sofisticadas interesadas en el poder político y los republicanos tradicionales que no le votaron en la primaria del GOP.

La candidatura de Donald ha sido construida desde el margen político y representa un cambio auténtico para amplias franjas de votantes de ambos partidos e indecisos que ya están aburridos del esnobismo de los baby boomers. Si los dos debates han superado todos los records en televisión y en redes sociales es por Trump: en el primero quedó a deber, en el segundo llegó después de 48 horas de fuego amigo y enemigo para ganar la noche dominical en horario premium con un brutal y pragmático: “si yo fuera presidente, tú estarías en la cárcel”.  El tercer debate provocó mayor volatilidad entre los electores indecisos, el grupo de enfoque realizado por Frank Luntz es significativo: “the bigger the issue…the more this is about change versus the status quo, the more likely you will get a change electorate.”

El principal atractivo electoral de Trump es ser Donald: la cruda, áspera y desencantada encarnación del sueño americano. Esa es la auténtica victoria de Donald.

Noviembre será histórico, sea cual sea el resultado.

@oscar_juarez. Politólogo