Arturo Argente

¡La ley 3de3 emana de la voluntad del pueblo, háganla valer!

El artículo 39 de nuestra Carta Magna establece a la letra: “La soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste. El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno”.  El Congreso de la Unión debería tomar en cuenta la propuesta relativa a la ley 3de3 al ser una iniciativa ciudadana lanzada por un pueblo decidido a enfrentar el lastre de la corrupción.

El grupo de organizaciones y ciudadanos que impulsan la iniciativa de Ley 3de3 entregaron un paquete de firmas de 634,143 ciudadanas y ciudadanos mexicanos que apoyaron esta propuesta de ley. Esta cifra supera el mínimo necesario de 109,200 firmas –equivalente al 0.13% del padrón electoral– por más de medio millón.

Mediante el ejercicio de uno de sus derechos constitucionales, la ciudadanía ha canalizado su indignación en una propuesta innovadora que busca un cambio contundente en las reglas para el combate a la corrupción.

No solamente en términos económicos la corrupción significa un alto costo, también en términos sociales e individuales. La sociedad mexicana se encuentra secuestrada pagando un alto costo por el crecimiento del crimen organizado primero y el lento avance en la reducción de su poder después, debido a la gran corrupción que se encuentra infiltrado en cada rincón del sistema político mexicano.

Por lo que la ley 3de3 obliga a que los ciudadanos declaren sus ingresos ante el fisco. La iniciativa 3de3 invita al presidente de la república, a los miembros de su gabinete, a los gobernadores, presidentes municipales, jefes delegacionales, senadores, diputados federales y locales, así como a los dirigentes de partidos políticos (pero no, extrañamente, al poder judicial) a que publiquen (voluntariamente) las tres declaraciones en un sitio web que han creado para esto.

Con la Ley 3de3, la sociedad mexicana demuestra que está preocupada ante los retos que enfrenta el país. Se dejó de lado el hartazgo, la indignación y la rabia para dar paso a una propuesta innovadora y constructiva.

Entre los muchos aspectos positivos de esta iniciativa destacan tres: Define diez tipos de conductas ilegales que dan origen a la corrupción; Rediseña el sistema de responsabilidades de los servidores públicos y permite sancionar a particulares en hechos de corrupción.

El fin principal de esta ley 3de3 es evitar que el enriquecimiento ilícito se siga aplicando a la financiación de las campañas electorales. En el caso de puestos de elección pública, es necesario invertir en los costos de una campaña electoral con la que se puede asegurar la posición de poder deseada.

Quien se opone a la ley 3de3, quien se niega a presentar públicamente su declaración de ingresos o de sus haberes patrimoniales o de sus intereses relacionados evidentemente está ocultando un pasado inconfesable ante la opinión pública. La corrupción no consiste en que los políticos tengan intereses particulares. Siempre los tendrán, como cualquier ciudadano. La corrupción consiste en que no sean publicables, aunque se dedican a ejercer poderes públicos.

El poder sin abuso pierde su encanto dice Paul Valéry. Ese poder y esa política han marcado la historia de nuestro país. La corrupción a través de la historia nos ha herido como nación, nos ha causado la  pérdida de más de la mitad de nuestro territorio, hemos sido sometidos a diversas dictaduras  donde la corrupción ha gozado de aceptación social, se han creado dichos que se festejan, “un político pobre es un pobre político”, “el que no tranza no avanza”, “el año de Hidalgo”, en pocas palabras la corrupción es un lastre histórico que hemos cargado desde la concepción de nuestra nación y que a muchos todavía enorgullece. Debemos afrontar esta lucha, darle la debida importancia, aunque nos lleve muchos años, no podemos dejarle este vicio a nuestros hijos. El país es de todos y como tal nos debe doler a todos. ¡Despierta México!

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